miércoles, 24 de junio de 2015

La leyenda de la mujer de piedra


   

La leyenda de la mujer de piedra.
Hace muchos años, en la lejana zona del sur de México; en un viaje, en el que tuve la suerte de acompañar a mis tíos;  hacía mucho calor y la necesidad de tomar agua fresca era muy apremiante;  mi tío tomó la decisión de desviarse  y entrar en un pequeño pueblo que anunciaba aguas frescas con un llamativo cartel.
Una hilera de vitroleros nos alegró la vista;  sudaban del hielo y el agua de diferentes colores que lucían refrescantes y deliciosas. Nos bajamos del automóvil, un amplio y cómodo Galaxy 1970,  y disfrutamos de grandes vasos de agua de naranja y coco.
Algo llamó poderosamente mi atención, entre hierbajos secos sobresalía una especie de túmulo de piedra de metro y medio de base; me acerqué para observar mejor los detalles;  sobre la base descansaba  una forma que a medida que la observaba me iba pareciendo  bastante extraña a los ojos de mis escasos doce años; algo me inquietaba, algo roía mi inocencia de niño; ¿qué había en aquella masa informe de piedra que tanto me inquietaba? ¡No encontraba, no descifraba cual era la causa que me obligaba a rebuscar con la mirada!
Fue mi tía quien acabó con mi búsqueda, ella sólo dijo: —Parece una mujer.
Y efectivamente, al escucharla, fue como si se descubrirá un  velo que nublaba mis ojos  de niño; y la vi en toda su grotesca tragedia.
La mujer, se apreciaba  sentada sobre sus muslos y  los pies encogidos, las manos en el regazo y la cara levantada al cielo, como implorando perdón.
Los rasgos de la mujer de piedra no eran muy definidos, las piernas y los pies apenas parecían piernas y pies,  el tronco y las manos, si se miraban con atención, apenas parecían lo que creíamos ver;  su cabeza y rostro, en ellos posiblemente no había ningún rasgo, ningún gesto, sólo un agujero donde debería estar su boca; pero por algo  extraño, era bastante inquietante y doloroso. Parecía que estábamos ante una presencia  de  gran sufrimiento.
El vendedor de agua empezó a contar,  que la mujer de piedra; fue una mujer que en vida llevó el nombre de Marta; que había hecho una manda  por un favor divino  recibido y que a medio camino; atosigada por el cansancio y el calor renegó de Dios  y decidió no cumplir su promesa. Quedando convertida en piedra, en medio del sol y con una sed eterna.
Nosotros hacíamos lo mismo;  mi tía había hecho una manda, la promesa de visitar al Padre Jesús de Petatlán; mi tía,  fervorosa creyente; tras enfermar de gravedad, prometió que si sanaba,  visitaría al milagroso Santo.

De acuerdo al vendedor de aguas frescas, la mujer  incumplió  y fue castigada, fue convertida  en piedra a medio camino,  donde no hay sombra alguna  que la cobije. Ahora los viajantes, podían mitigar en algo su sed;  como para confirmar lo dicho, tomó algo de agua  en un vaso y la puso sobre el agujero que inmediatamente la consumió. Seguimos nuestro camino, decididos a cumplir cabalmente la promesa de mi tía.

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