miércoles, 5 de noviembre de 2014

El cuento más terrorífico de México.


Había una vez, así empiezan los cuentos de hadas y príncipes encantados de final feliz; había una vez un reino o un país encantado, un país hechizado y controlado por temibles brujos o demonios que convertían sapos en presidentes. En este reino, donde el mal imperaba y mandaba por centurias; se cernía un terrible hechizo y no existía, pócima, ni hada madrina  que pudiera romperlo.
Los brujos tenían gran poder, eran una clase ancestral de criaturas al servicio del  Vaticano, llegaron con los conquistadores, tenían la  consigna de derrotar a los demonios locales que impedían el triunfo de las armas y el triunfo de la iglesia.  Vivían en la sombra y se alimentaban de sangre humana; dieron cuenta  fácilmente  de sus enemigos. Eran poderosos  y llenos de orgullo. Cuando cumplieron su cometido,  recibieron la orden de regresar, las más altas autoridades eclesiásticas se lo ordenaban y se negaron rotundamente, rebelándose  abiertamente contra las órdenes de la Iglesía; este era un mundo nuevo, y el largo brazo de la inquisición no lograría alcanzarlos. Aquí serían reyes y dioses entre   presas menores.

Eran temidos, el ejército conquistador prefirió hacer oídos sordos al pedimento de buscarlos y   hacerlos regresar por la fuerza y de negarse, destruirlos. Los dejaron marchar, hacer de las suyas,  y  vaya que si lo hicieron; al paso de los años  su sed  insaciable mermo tanto la población indígena, que el reino de español se alarmo,  la iglesia nuevamente envió por ellos para destruirlos.
La iglesia tenía métodos efectivos para esta clase de plagas malignas, anteriormente las había combatido y si, las dejó sobrevivir, fue para esclavizarlas y tenerlas a su servicio. Este grupo de criaturas al sentirse amenazadas se escondieron en lo profundo de la tierra y durmieron por largas décadas.

Cuando despertaron tenían una sed terrible y recomenzaron a beber hombres; pero habían aprendido la lección, se organizaron en  grupos  y disfrazados de hombres  se mezclaron con ellos. Cada grupo tenía un líder, la criatura más fuerte y longeva; ella los guiaba y controlaba su sed de sangre; quien no respetaba las reglas, se le castigaba de manera terrible.
Con el tiempo, el poder de los grupos de demonios se hizo inmenso, se habían dividido el reino en cotos,  donde gobernaban a su antojo;  se sentían orgullosos de la prosperidad lograda, donde se beneficiaban, no sólo ellos, sino la población entera  que engordaba de manera saludable para sus fines. Había tanto para beber, que unos cuantos saludables ciudadanos  que usaran para alimentar su terrible sed, era un mal menor.

Pero el cuento de brujos o demonios felices no podía durar para siempre; un grupo de demonios ambiciosos decidieron tomar el poder, primeramente desobedecieron las reglas que los mantuvieron por centurias creciendo y desarrollándose, al amparo de la oscuridad y el anonimato. Bebían hombres sin control, presas de una descontrolada sed. Se impusieron en otros territorios y en guerra fratricida, eliminaron a  demonios mayores; sabían que la forma de matarlos, era cortándoles la cabeza.

Con el tiempo, el reino o país hechizado, se convirtió en un bacanal sangriento, donde las reglas que preservaban el orden se quebrantaron para siempre. Los hombres, que se hicieron tan numerosos en los días de paz, sólo se les ocurría seguir reproduciéndose, una buena estrategia para preservar la especie. Veían la guerra azorados. Miles de humanos al servicio de los demonios morían como moscas, miles más, eran enrolados y también morían.

La guerra prosiguió, no pasaba nada irremediable, los hombres se reproducían  por millares, el daño colateral de la guerra entre demonios era insignificante, en nada mermaba la población, de la que bebían a placer  y cuando querían.
La iglesia había perdido fuerzas, no tenía el otrora  poder, prefería callar que ponerse en medio de la lucha; las  bestias privadas a su servicio no tenían las fuerzas para enfrentar tan poderosos demonios.

Algunos ciudadanos trataban de entender y comunicar a los demás sus temores,  se organizaron y llamaron a otros hombres a comprender la magnitud de la tragedia,  de comprender que sobre el reino se cernía el mal, la maldad y eran víctimas  de un poderoso hechizo que los hacía esclavos, presas  de criaturas malignas  que ostentaban el poder público y económico. Muchos de ellos fueron asesinados, apenas levantaban la voz, eran callados para siempre; los demonios en el poder, sentidamente declaraban que harían justicia, que el crimen no quedaría impune. Hicieron nuevas leyes  para engañar a los hombres, que confiados  se santiguaban frente a  ellas como  ante el libro sagrado de la salvación.


Los demonios luchaban por una tregua que les permitiera seguir viviendo en paz,  estaban seguros que los rebeldes y ambiciosos   comprenderían la necesidad de ponerse de acuerdo, para mantener el poder y seguir alimentándose  de los tan deseados y sabrosos humanos. Ellos preferirían, ellos prefieren  vivir así, en la libertad aparente que los organiza y les dice que cosa hacer. Mientras otra persona  sea   la  que chupan, la que muere,   la que desuellan,   la que matan o desaparecen; el reino es  un reino de paz; seguramente, si a mí, no me pasa nada, todo está bien, aunque vea con miedo que rondan mi casa.

martes, 4 de noviembre de 2014

Los videojuegos malditos




Quienes  han luchado contra el mal, comprenden perfectamente  su poder y omnipresencia, comprenden que las fuerzas del mal, las huestes  servidoras del demonio  utilizan todos los caminos para lograr nuestra perdición.
En tiempos pasados,  artefactos maléficos como la ouija, barajas y talismanes eran el conducto para llegar a nosotros y provocar nuestra caída y posterior   destrucción del espíritu y cuerpo. Muchos cayeron, muchos fueron víctimas del engaño,  hombres y mujeres  abrieron puertas terribles que los condujeron al hondo precipicio del infierno.
En los tiempos que corren, el demonio ha refinado sus métodos. El demonio conoce las debilidades humanas, sus ambiciones, sus pasiones, sus pecados y los deseos ocultos que hacen de los hombres, criaturas de perdición.  La maldad que personifica el demonio tiene inteligencia, la fuerza bruta ha quedado en la antigüedad, ahora sus métodos son refinados y se vale de la tecnología para llevarse a lo profundo del infierno nuestras almas.
La televisión, el cine se convirtieron en conducto para acercarse a nosotros,  la televisión   como una gran ventana que nos muestra las crueldades del mundo, sus horrores y crímenes, hasta que nos son tan naturales que ya no nos causan impresión alguna; la televisión  nos hace inmune al dolor ajeno, nos insensibiliza, inyectándonos, diariamente pequeñas dosis del crimen humano, hasta que nos es tan natural como el diario amanecer.
En el cine nos muestran  su presencia horrorosa; la cara del mal, la del demonio mismo, y nos suena divertida su risa terrible hiriendo los oídos y el alma; el cine nos enseña los horrores del mal y estúpidamente pensamos en la bonita ficción que se nos presenta para nuestra sana diversión; ese es el secreto del diablo y la más grande de sus armas, el hacernos creer que no existe, cuando gruñe a nuestro lado, sofocándonos con su pestilente aliento.
La ciencia, la tecnología le ha abierto las puertas de nuestra casa de par en par. Internet, la maravilla del siglo veintiuno es la más cercana fauces para muchos hombres de espíritu débil; él se acerca por  la red y los tienta, les susurra al oído  y les muestra maravillas que no conocían, se gana su confianza, hasta que por voluntad propia le entregan el alma.
Pero lo más terrible, donde el diablo reina de manera  absoluta, es en los videojuegos, allí es reino de pura maldad y muerte, destrucción y desolación; allí, entre algoritmos  brutales y malvados, entre códigos demoniacos, las huestes del mal viven a sus anchas, allí son fuertes, allí son poderosos  y esparcen su  maldad. Quienes juegan estos videojuegos, juegan con el demonio, el demonio los azuza a la violencia, en un mundo descarnado, donde la vida no vale nada; un mundo de videojuegos, una irrealidad que vacía  en nuestra realidad, transformado lentamente, pero inexorable  nuestro mundo, en copia perfecta de los videojuegos, donde se hiere, se mata, se destroza sin ningún remordimiento. Mira bien los videojuegos donde reina la maldad, en eso pretende  el demonio convertir nuestro mundo; y ya está ocurriendo, en muchos lugares reina el terror y la muerte sin que nadie se asuste  o sienta pena.


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