miércoles, 28 de mayo de 2014

La leyenda de la niña de piedra


 Siempre había estado ahí.  En el recuerdo colectivo del  lugar  la imagen de la niña de piedra  permanece indeleble a través del tiempo, los más viejos aseguran que en sus memorias aparece como un punto invariable y referencial.

Sobre una base de piedra la escultura semejante a una niña de largas trenzas y largo vestido se erguía solitaria. El monolito se había mantenía inmarcesible a través de los siglos.  Mirándola de cerca se podían apreciar los finos rasgos pulidos por el desconocido escultor cuya única referencia se encontraban en la firma igualmente desconocida: Alonso. Se leía en el pliegue de la  faldilla, en la parte baja, como queriendo esconder su existencia. Sandalias calzaban los pétreos pies que asomaban de la vestimenta, se adivinaba el pie reclinado y el otro firme como quien se dispone a iniciar la marcha. Las delgadas manos dobladas sobres los codos, en la postura que se adopta para recibir algo o como quien sostiene un invisible libro. El rostro de niña de diez u once años manifestaba felicidad en la sonrisa labrada y en los ojos vivos que dieron pie a la leyenda. La sonrisa plegada, apenas entreabierta, brindaba al observador el imposible acontecimiento de ver la punta de la sonrosada lengua vibrar de voz entre los labios de piedra.

La mirada, si es que se puede hablar de mirada en unos ojos  que a pesar de su dureza parecían tener viva expresión se observaban entreabiertos, mirando recatadamente al suelo, como si no se atreviera a mirar de frente por pudor o respeto.

Muchas personas, locales y extraños aseguran sentirse incomodas   ante la imagen de piedra, algunos sensibles dicen  sentirse observados, otros van más allá y pretenden haberla visto parpadear  y mirar fijamente. Los más atrevidos o borrachos la han visto descender, caminar ágilmente por los alrededores y retornar para  subir al eterno pedestal donde adquiere nuevamente la inmóvil consistencia sólida.

Un niño perdido en una noche fría regresó sano y salvo cuando ya se le daba por muerto víctima del gélido clima o una bestia salvaje. Cuando al niño se le preguntaba donde se había refugiado, el simplemente respondía: −La niña de piedra me ha cuidado. Ella me llevó a una cueva y me trajo por la mañana.
 La niña de piedra lleva muchos años en su pedestal, tantos que nadie  recuerda cuantos. Ahora están construyendo la autopista que pasará cerca de la localidad, he visto los ojos de la niña de piedra, los he visto tristes, ¿acaso presiente el final de sus andanzas y vigilias? ¿Una enorme máquina de acero triturá su cuerpo? ¿Se quebrará en pedazos y desaparecerá para siempre?

Aún recuerdo su cálida mano tomarme cariñosa del brazo y decirme tiernamente: ¡No tengas miedo, yo te cuidaré!


sábado, 3 de mayo de 2014

La leyenda del niño sicario


Un niño nos cuenta su terrible historia, un niño sicario  exterminador de vidas que manchó la pureza de su alma con el terrible pecado del asesinato.

“No lo niego he matado a muchas personas,  les  he puesto una bala en la cabeza o rebanado el cuello como a los cerdos. No lo hacía porque los odiara, simplemente me lo ordenaban, yo al principio  cumplía las órdenes  con asco y miedo. Con las manos temblorosas cortaba el cuello, mi impericia provocaba demasiado dolor y sufrimiento a las víctimas, creo que eso le divertía a los hombres que me instruían como alumno en la perversa escuela del mal, porqué reían a más no poder.

Pero pronto me acostumbré, la mano ya no me temblaba  y la escena dantesca dejó de causarme horror. En un día llegamos a matar ochenta hombres, yo me adelantaba a los mayores  para contabilizar un mayor número de víctimas como en un parque de diversión. Cuando cumplía  doce años  perdí la cuenta de los muertos por mi propia mano, me era imposible hacerlo, siempre estaba enviciado  con toda clase de drogas. Por increíble que parezca me sentía feliz, realizado, hubiera querido compartirlo con mis padres, que supieran en  lo importante que su hijo se había convertido. No recuerdo las noches y los días, ese tiempo lo pase en penumbras, casi sin darme cuenta de mis actos. Nunca reparé que apenas era  un chiquillo,  los veía con desprecio y superioridad cuando iban con su mochila a la escuela.

¿Por qué estoy aquí? Realmente no lo sé, no tuve malos padres, mi madre me amaba y mi padre trabajaba duro para que mis hermanos y yo la pasáramos bien. El diablo estaba dentro de mí, a corta edad empecé  a despreciar sus esfuerzos, portarme rebelde y faltarles el respeto. Un día los escuché que pagarían una deuda que los atormentaba,  estaban contentos, por fin lograron reunir lo suficiente para poder pagarla. Ese día tomé el dinero y salí de casa para siempre, me sentía suficiente y feliz por mi audaz golpe.

Vagué por días gastando el dinero hurtado a mis padres, hice migas con una banda de muchachos mayores, con los que me congracie contándoles  historias  de un pasado criminal inventado a mi medida, les dije que había hecho cosas terrible y, lo dije muy  convincente porque me creyeron.  Pronto subí de rango, ´ los mayores,   los jefes me veían con simpatía, les caía muy bien un mocoso ansioso de jugar al crimen. Como lo dije, me enseñaron a matar,  drogarme sin control, yo pensaba que mejores amigos no podía tener.

A los trece años me sentía un hombre mayor, como no sentirme, mi alma perdida estaba plagada de todos los pecados del mundo. Fue cuando ocurrió, un comando armado atacó nuestro cuartel general, no lo podía creer, éramos intocables y temidos, nadie osaba enfrentarnos. No sé porque me cogieron vivos y me llevaron con ellos, mis compinches yacían muertos, ellos siempre habían dicho: “Más vale vivir cinco años como rey que cincuenta como buey, ahora  la sentencia estaba cumplida.


Ahora estoy en un cuarto, no veo más que una silla y una mesa, en el piso un trozo de lápiz y un papel, los cogí y empecé a escribir, si ahora lo estás leyendo, es porque estoy muerto. Pido perdón a mis padres por lo que hice, tiene dos años que no los veo y no los veré nunca más, a ellos  y mis hermanos que nunca extrañé, los estoy extrañando más que nunca, estoy llorando como niño, no recuerdo haber llorado desde que salí de casa, no  lloró por mi  vida que pronto me habrán de quitar, lloró por la vida que pude haber tenido al lado de mis seres queridos.

La leyenda del jinete sin cabeza


 Diabólica criatura que a su paso deja su halo de maldad, conmocionando a los seres de Dios con su espantosa presencia. ¡De la negrura de la noche emerge como de las fauces del mismo infierno! El enorme caballo negro sobre el que cabalga, es la misma encarnación del mal, tan feroz y horrible como el jinete que lo azuza  con perversas maldiciones.

¡Quien lo escucha venir se paraliza del terror!, ¡el corazón se sacude en su pecho, la boca se  seca  y los músculos se niegan a obedecer! Pasa la negra figura trepidando la tierra que se estremece ante los cascos malditos que secan para siempre  el lugar que pisan. Quién ve pasar la maldita  figura puede recuperarse con el tiempo;  pero si el temible ser se  detiene por que percibe o huele  la maldad en el desdichado; de filoso tajo, rápido como la centella cercena la cabeza que rueda por el suelo, en tanto, el cuerpo negándose a caer, se cimbra expeliendo chorros de negra sangre. Con el arma homicida clava la horrible cabeza, la levanta en lo alto como un ángel maldito escapado del infierno. Entonces se inicia la cabalgata infernal, aullando feroz surca la noche, no sólo lleva el pavoroso despojo, lleva prisionera el alma del infeliz que arderá en el infierno.

Cuenta la leyenda, que este ente del averno, sus actos de suma maldad lo llevaron a convertirse en un terrible demonio. Un general homicida que gozaba con el dolor de sus víctimas. Comía el tierno corazón de los niños, el pechó de las mujeres hasta saciar su hambre. Cuentan que llegó a acostumbrarse tanto a esta clase de alimento, que él consideraba un manjar, que no probaba otra cosa que la fresca carne de los infantes.
Los hombres le temían y odiaban, el infierno le esperaba con impaciencia, le tenía un lugar reservado entre sus filas demoniacas.

Cuando murió fue decapitado, sus enemigos le temían tanto que  cortaron su cabeza para asegurarse de su muerte,  su sangre maldita reblandeció la tierra, esta se cuarteó y su cuerpo infame se fue  hundiendo lentamente  en un espantoso remolino.

¡Ahora surge  de la tierra  maldita  entre las llamas del infierno y supurando perversidad!, vuelve para cobrar venganza de los hombres y llevarlos a lo hondo del precipicio infernal.

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