miércoles, 15 de enero de 2014

LA LEYENDA DE LA CAMPANA DEL DIABLO



En un pueblo del sur de México, justo en la costa de Guerrero, donde comienzan las montañas de la Sierra Madre del Sur,  existe una bella explanada en la cima de un cerro, allí la vista es increíblemente bella, pues se aprecia  espaciosa la verde alfombra de la vegetación y el inmenso azul profundo del mar

Le llaman el Cerro de la campana y, la única edificación es un enorme túmulo de dura corteza y tepetate, una pirámide ceremonial en cuya cima se apreciaba un foso. Cuentan que sacerdotes Aztecas sacrificaron cientos de prisioneros a los que extraían el corazón con un cuchillo de obsidiana, reforzando lo dicho con herramienta encontradas manchadas de supuesta sangre. Los cálidos corazones palpitantes se ofrendaban a sus dioses paganos al ser arrojado en el foso de la pirámide.

Cuando los conquistadores españoles exterminaron a los nativos, incluyendo mujeres y niños, los frailes se horrorizaron de la bárbara costumbre de extirpar corazones y descabezar prisioneros, como buenos religiosos sospecharon la presencia del diablo en tan terrible práctica. Para ahuyentar el mal se dieron a la tarea de construir una campana de oro que hicieron colocar en lo alto, por encima del foso que para los religiosos, exhalaba un aliento de pura maldad. Mañana, temprano y noche la campana repicaba con una profunda voz, que a entender de los frailes disgustaba en lo absoluto a los malos espíritus.

Y efectivamente debió disgustar a alguien el tañido profundo de la campana, cuando más fuerte sonaba, tembló tan fuerte que las edificaciones religiosas se vinieron abajo, junto con la campana que cayó en el fondo del foso.

En adelante muchos fueron los intentos de rescatar la campana, pero al parecer el mismo diablo la consideraba de su propiedad porque parecía que cuando intentaban izarla él lo impedía. Con el paso del tiempo se convirtió en leyenda, el cerro de la campana  se mantenía con su foso y muy pocos osaban perturbarlo.

Un ingeniero realizó el último intento, fascinado por la historia, hizo traer la  maquinaria que mantenía embarcada, el ingeniero era un gringo dedicado al negocio de perforación de pozos profundo. Pronto montó  un imbricado mecanismo de grúas y excavadoras. Cuentan que cuando tuvieron a la vista la campana la anclaron a la grúa. En el primer intento la grúa se quejó, los cables de acero se tensaron, en el segundo intento el ingeniero ordenó usar la máxima potencia de los motores que se quejaron agónicos antes de que el cable se reventara y chicoteara partiendo en dos al ingeniero.


A la fecha el cerro o montículo en forma de pirámide se encuentra resguardado de una alambrada.  Al lado se construyó una escuela secundaria, los muchachos suben a la cima y miran el interior, los más audaces bromean, sólo uno intentó bajar desafiando el mito, dos metros abajo fue tan grande su angustia que no pudo respirar y a duras penas logró subir para caer enfermo de terrible fiebre.

Entradas populares