miércoles, 11 de septiembre de 2013

El perro negro




En mi pueblo, a pesar de los años que han pasado se recuerda la historia del "perro negro", "Diablo" lo llamaba su dueño,  el perro era enorme, mal encarado y de amenazantes colmillos que enseñaba al menor motivo.

Nadie osaba acercarse a don Juan sin previo aviso, el perro erizaba los pelos y en actitud amenazadora  gruñía fieramente; hasta que don Juan con voz firme le ordenaba calmarse. "Diablo" siempre lo acompañaba, nadie lo llamaba así más que su dueño, la gente le decía el "perro negro" de don Juan.

Cuando don Juan jugaba barajas en la cantina el "perro negro"  se mantenía a sus espaldas, echado pero vigilante, con la lengua de fuera, cesando y babeando  por el calor.

En una ocasión un borracho que había perdido en el juego intentó agredir a don Juan, el "perro negro" dio tal salto  que poniendo su pesado cuerpo sobre el pecho del hombre lo derribó, ya en el suelo antes que nadie pudiera hacer algo, si es que alguien quisiera   intentarlo, le destrozó la garganta muriendo en el acto; don Juan llamó a su perro, sacó su pistola y disparó en varias ocasiones sobre el difunto que yacía en un charco de sangre con el rostro crispado de un miedo que se llevó a la tumba.
El perro y don Juan eran inseparables, la gente les temía  y murmuraban que el mal yacía en el perro, no dé en balde don Juan lo llamaba "Diablo, que ese debería ser su verdadero nombre.

Don Juan montado en el caballo y el "perro negro" siguiéndolo,  acechando un posible enemigo que de las sombras atacara a traición, nadie lo intentaba, temían a don Juan y un tanto más al perro que en la oscuridad le brillaban los ojos como si dentro de él llevara ardiendo lumbre  del mismo infierno.

Un día que llovía,  don Juan tuvo que ir al pueblo vecino por asuntos de negocio,  San Miguel no estaba lejos,  a los dos pueblos los dividía un puente de madera con un pequeño río, mas al regresar el río se miraba crecido y el puente derribado, don Juan como era atrabancado se echó con su caballo al río mientras su perro le ladraba desesperadamente. ―Tate quieto "Diablo", hay luego me alcanzas―  le dijo al perro que no paraba de ladrar. En pocos minutos alcanzó la otra orilla, "Diablo hizo varios intentos por seguirlo, pero la fuerza del agua se lo impedía.

Para cuando "Diablo" atravesó el río ya era demasiado tarde, a don Juan lo estaban esperando en la entrada del pueblo, no le dieron ninguna  oportunidad de defenderse; el perro negro, el enorme animal   encontró a su amo tirado en el camino, le lamió la cara y aulló de dolor, la gente que lo escuchó se santiguo espantada y cerró sus puertas.
Cuentan que el perro negro del mal entró en la cantina y destrozó a los matadores de don Juan, cuentan también, que hoy en día, por las noches se le puede ver cuidando la tumba de su amo.


Entradas populares