sábado, 25 de mayo de 2013

El cuento de Betito, la vieja bruja y el cocodrilo.

Ese día, como todos los días “Betito” y el “Chucho” acompañaron   a su mamá  al río, ellos eran muy pobres y vivían  de lavar ropa ajena, el camino  al río era toda  una aventura, primero había que sortear el “callejón de la llorona”, de la cual  contaban  se aparecía  por esos parajes,  al pasar por el lugar su madre siempre lo tomaba de la mano, caminaba presurosa dispuesta a emprender la huida al menor indicio de cualquier espectro que pudiera lastimar al pequeño “Betito”.
Cuando llegaban al río   su madre lo soltaba  y lo llenaba de recomendaciones, sobretodo que no se alejara mucho y que ni pensara en acercarse a la  cueva, ya que sabía de buena fuente que en ella habitaba una bruja y un cocodrilo.
Mientras su mamá lavaba “Betito”  y su perro “Chucho” se entretenían  cazando pequeños peces y  camarones, “lo hacía durante horas hasta que la piel se le llenaba de arrugas  de tanta agua. En esa ocasión la pesca era abundante, metía la cabeza en el agua, no sin antes recomendar a “Chucho” que se  estuviera quieto, bien quieto,  levantaba las piedras y con sus ojos rojos, irritados por el  agua descubría los pequeños crustáceos, los acorralaba con bastante pericia hasta atraparlos.
Durante la cacería  se alejaba, pero siempre procuraba mantenerse a la vista de la madre, más en esa ocasión cuando sacó la cabeza del agua se  dio cuenta que estaba frente a la cueva. El corazón le saltó en el pecho, busco con la mirada la figura de la madre, pero esta se encontraba lejos, tras  un alto playón.
Vámonos  “Chucho” le dijo a su perro cuando una viejecita de aspecto malévolo lo increpó: ¿Qué haces por aquí mocoso? ¡No sabes que los niños se pierden por estos lugares!
“Betito” sólo contestó, ¡si señora, ya me voy!
Pero la mala viejecita pegó un chillido  llamado a “Chóforo” y “Choforo” salió corriendo  con su gran cola  de cocodrilo, atrápalo le dijo y, “Chóforo” Atrapó al pobre “Betito”  de un pie.
Cuando iba por el  “Chucho”, este escapo saltando con su agilidad de pequeño perro, mientras huía  la  vieja bruja maldecía al cocodrilo por dejar escapar al perro.
“Chucho como pudo se hizo entender  por la madre quien al poco tiempo regresó con una partida de familiares dispuestos a rescatar a “Betito” de las manos de la vieja bruja y el cocodrilo, los cuales tenían cuentas pendientes por la desaparición de otro pequeño.
Armados con palos y  machetes llegaron a la cueva, donde ya no había nadie, una tortuga que se confundía con las piedras  sacó la cabeza y dijo al perro “Chucho”,  que a “Betito” lo habían llevado a una cueva más arriba, justo la cueva que se encuentra tapada por los grandes sauces blancos; que se dieran prisa porque pensaban comerlo.
Hasta allá llegaron, rodearon la cueva  y husmearon precavidos, “Chóforo” salió  tirando dentelladas y coletazos, derribó a varios hombres y se disponía a arremeter con todo, pero no contaba  con que un tío de “Betito” había sido cazador de cocodrilo y con la mañas ganadas durante años de cazar aquellos animales logro atrapar el hocico de “Chóforo” con un lazo; “Chóforo pronto se vio izado de un   árbol, la turba se había multiplicado y lo apaleaban sin misericordia, el temible animal sabía que su suerte estaba sellada y que su zalea  pronto terminaría en  lustrosos zapatos de piel de cocodrilo.
La vieja bruja al ver vencido a su guardián  salió chillando furiosamente, su chillido  era la peor cosa que se puede escuchar, lanzaba  golpes   y mordiscos  a diestra y siniestra con tal violencia que se llegó a pensar que vencería a la turba.

Pero  la bruja fue vencida y también colgada de un árbol. A  “Betito” lo rescataron  del fondo de la cueva, donde ya hervía un cazo con verduras,  el niño volvió a jugar, con el inconveniente de un zapato ortopédico en el pie donde el cocodrilo lo mordiera.

Entradas populares