domingo, 26 de mayo de 2013

EL CELULAR DIABÓLICO

El celular era negro de pantalla brillante, lo había comprado en un mercado de pulgas a buen precio, le había llamado poderosamente  la atención  y decidió que lo llevaría con él.
 Pronto se percató que no era un celular cualquiera,  de manera insólita el móvil nunca se descargaba y por consiguiente no necesitaba ser recargado, las marcas de carga siempre se encontraban en “full”;  al principio lo atribuyó a un defecto, pero para comprobarlo decidió dejar de conectarlo al cargador; los días y las semanas pasaron y el teléfono celular a pesar de no ser recargado mantenía su carga en “full”.
 Otro defecto del  inquietante aparato es que comenzó a  recibir llamadas  justo a las doce de la noche  de un  contacto  de nombre Azazel.  Temprano   devolvió  la llamada    y  contestó una tenebrosa carcajada que le  erizó la piel;  pensó que era un bromista y borro el nombre de la lista de sus contactos. Pero cosa imposible,  tres días después  volvió a sonar el celular a la medianoche y el nombre del contacto Azazel  parpadeaba en la pantalla.
 Intrigado revisó la lista de sus contactos; el recordaba perfectamente haber borrado todo  de la memoria, pero la lista estaba llena de nombres tan raros como: Astaroth, Asmodeus , Azrael, Belcebú, nombres  con  números telefónicos de más de veinte dígitos. El nombre que más le extrañó fue el de Belcebú, recordaba que  era el de un demonio.
 Borraba los contactos y al día siguiente estos  volvían a su lista; lo peor del caso es que empezó a recibir videos aterradores que apenas soportaba de un contacto llamado Belial; los videos  mostraban crímenes monstruoso,   figuras humanas ardiendo  y  mujeres en orgía infernal.
 Decidió deshacerse del teléfono.  Por la mañana lo entregó a un amigo para que lo vendiera en algunos pesos; y así,  más tranquilo regresó a su  departamento,   donde en la mesa de centro estaba reluciente  el celular maldito, llamó en voz alta a su amigo: “¡vino antes que yo! Pensó inquieto, pero nadie contestó;  como respuesta a su llamado el celular timbró de manera grave,  contestó mecánicamente, del otro lado de la línea le daban la trágica noticia de que su amigo había muerto en un asalto.
 Un grito de furia y miedo explotó en su garganta mientras  arrojaba el  celular contra la pared,  con tal fuerza que se deshizo en pedazos, entró al baño a vomitar y al salir el móvil  estaba intacto, nuevamente en la mesa de centro, temiendo  que volviera a llamar le retiró la batería, pero no se apagó, más aún la pantalla se avivó más intensamente  de    un rojo escarlata y pareciera que de el fluyeran las llamas del infierno;  y,  lo que más temía,  el teléfono  timbró con ruidos infernales. Él contestó. Dijo: ¡bueno!, ¿A dónde hablo?, una voz grave, discordante, espantosa contestó: ¡Al infierno!

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