lunes, 22 de abril de 2013

Cerrar los ojos


Estaba cansado, terriblemente cansado, quería dormir, pero me daba miedo cerrar los ojos; sabía que si los cerraba jamás los volvería a abrir.
Busqué la mirada más próxima, anclé  en ella  la mía  como para encontrar el valor que a mi me faltaba; pero no, tan solo encontré  lástima, una lástima que me obligó a  desanclar   mis ojos de aquellos y buscar en otros la salvación.
Mas no, no pude encontrarla, no supe encontrarla, habían huido  como de un mal contagioso, como si en mi mirada estuviera la muerte que a mi me mataba.
Los parpados me pesaban, se cerraban poco a poco  y ninguna mirada  ayudaba a sostener la mía; por fin ocurrió lo inevitable, oí el pesado portón de mis parpados caer con estrépito, fue como si callera una inmensa cortina de acero;  espantado quise abrirlos, pero eran tan pesados y tan grande mi esfuerzo  que jamás, jamás pude abrirlos. Y después de la oscuridad  vino el total silencio.

miércoles, 3 de abril de 2013

¡Lo quiero!


Era pequeño, demasiado pequeño, se veía tan frágil y hermoso que me conmovió  al tenerlo entre mis manos, cuanto tiempo deseándolo hasta la locura, admirando su belleza, envidiando tan preciada posesión al grado que la ira me mordía las entrañas cuando lo veía en otras manos.
Pero un día me dije que sería para mi, lo buscaría día y noche, iría tras de su posesión  como si en la vida no existiera nada más deseado, nada más caro;  ni el honor, ni el amor de madre. ¡Sería mío! Me decía una y otra vez, sería mío  me repetía  en sueños, pero no era un sueño plácido donde se sueña con lo bien querido, era un sueño, una pesadilla donde gritaba, gesticulaba, y pedía al santo cielo por lo mío, para terminar implorando al mismo demonio cumpliera mi deseo.
Ahora lo tenía junto a mi, los sufrimientos por su ausencia estaban resarcidos,  su brillo me acariciaba, su suavidad me producía un goce semejante al orgasmo, lo quise llevar a la boca pero sólo me atreví a darle un beso; cálido y brillante me saludó a los ojos con un parpadeo que me emocionó. Quise decirlo ¡eres mío!, te tengo como tener el corazón en el pecho, la lengua en la boca, los ojos en mi cara; los ojos con los que  podía verlo amorosa mientras él me veía directo a los ojos con un parpadeo de vida propia. Acaricié nuevamente mi iPhone 5, lo volví a mirar largamente, antes de meterlo orgullosa en mi bolsillo de mi stretch.

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