jueves, 7 de febrero de 2013

Cuento: Cuando el tecolote canta, el indio muere


Había cantado  el animal, lo había escuchado muy claro y sabía  muy bien su significado. Fueron  gritos  agudos,  graznidos que le pararon los pelos de punta. Esperaba el canto desde días atrás, lo esperaba impaciente, temeroso,  como cuando  se espera un mal del que no se puede escapar, y la única esperanza es apurar el mal trago,  recibir el golpe  que ya estaba en camino apretando el cuerpo para sobrevivirlo.
Un aire frio  le dio en la nuca, giró la cabeza y vio al pájaro parado sobre una rama, negro y grande, de ojos redondos  como canicas oscuras y brillantes;  lo miraba retador, el pájaro se burlaba  y se aprestaba a chillar condenándole a muerte.
El animal extendió las alas como si se fuera a ir, pero lo había engañado, realmente ganó fuerzas para lanzar el horrible  chillido y lo hizo tan fuerte  y, en tan  varias ocasiones que le robaron el aliento, como si en vez de chillido fueran puñaladas  que le partían el corazón.
Él conocía muy bien los dichos de pájaros mal agüeros, su abuela, su abuelo, su padre, su madre  murieron tras el canto  malvado, ahora a él le tocaba morir, ser tocado por ese canto  que como navaja cortaba el hilo de la vida.

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