miércoles, 8 de febrero de 2012

El vuelo


Micro cuentos

El vuelo

Cuando decidí volar me di cuenta que me faltaban las alas; pero no me importó mucho, sólo salte desde lo alto y realmente no me hicieron falta las alas, pues desde  entonces vuelo por siempre.

El libro


Micro cuentos

El libro

Nunca había abierto un libro, la primera vez que toqué uno  me estremecí, lo tomé entre las manos  y cuidadosamente, como hojas de mariposa  intenté descubrir su secreto.

¡Mas ay! sólo saltaban de aquí allá  ilegibles formas, pero no me desanimé escudriñé  hasta que me dolieron la cabeza y los ojos; día tras noche  sin dormir mirando cada signo, cada traza  de los desconocido.
Pasaron los días, los meses y los años, y un día, una noche, realmente no lo sé descubrí el secreto y lo saboree. Fue un exquisito néctar jamás probado. Dicen que estoy loco de atar y que leo un libro día y noche. Lo que no saben es que yo, nunca había conocido escritura alguna.

El cerdo


El El cerdo

Un día leí que existió una bruja que convertía a los hombres en cerdos, como tengo buena memoria recuerdo que se llamaba Circe. Nunca lo creí… hasta ahora que me topé con ella.

Creo que ahora soy un cerdo y, como cerdo, temo que un día u otro me devoren, ¿lo que no entiendo?, es el motivo que la llevó a convertirme en cerdo, pues, sin ningún artificio o conjuro muchos hombres gruñen y actúan como tal.

Creo entender que ella me quiere, pero para quererme bien necesita verme como cerdo, quizá lo de cerdo le quede bien a los hombres, en particular me miré en el espejo y me pareció muy apuesto el cerdo  al que vi sonreírme.

Panchito el sapo


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Panchito el sapo

Quienes me odian dicen que yo no alcancé a nacer del todo, que soy un  pequeño renacuajo con cara de sapo. No sé si lo digan por mis  apenas piernas, mis grandes ojos  y mi gran boca, no entiendo que les molesta o que ven de mal en ello, si con mis ojos no hay quien sepa mirar en la lejanía mejor que yo y nadie engulle  de una vez un plato entero.

A mi no me molesta lo que dicen de mi, al contrario los persigo a saltos mientras estiro la mano, algunos me dan   algo de provecho, los demás patadas  o me arrojan a la cabeza lo que encuentran a la mano, como es grande mi cabeza nunca fallan, pero mi cabeza es dura y llena de baches, bien valen la pena los insultos y los golpes si, cuando salto tras alguien este me alarga una moneda.

La sordera


Pequeño  cuento de mi autoría, lo he titulado "La sordera", un hombre que finge estar sordo, para librarse de los regaños de su mujer. 

La sordera.

Me había hecho la idea de la sordera, si alguien me hablaba yo respondía con un  gesto dubitativo e interrogante ―imbécil murmuraban algunos―, mientras yo agrandaba más lo ojos, pronto se acostumbraron a mi estupidez, pero no por eso dejaron de burlarse en mi cara.

Pero todo valía la pena, mucho mejor que los gritos espeluznantes de mi mujer cuando me molía a insultos. Que cruel venganza llegué a pensar, ella ante la falta del aliciente de humillarme empezó a marchitarse.

Y gracias a Dios se obró el milagro,  dicen mis amigos y vecinos, apenas echaban la última palada sobre su féretro, empecé a oír hasta el zumbido de las moscas. Yo me rio de ellos en mi interior y, los maldigo por estúpidos.

martes, 7 de febrero de 2012

La cacería


Micro cuentos

La cacería

Se acercó volando, era una jugosa mosca  que apenas si se sostenía de gorda, yo cerré  los ojos y me hice el desentendido, como si no me importara su presencia.

Zumbo dos o tres veces a mi alrededor, bajé la cabeza  y fingí dormitar, adormilado por el sol caliente. La  mosca planeo imprudente  frente a mi, abrí y cerré los ojos con la misma velocidad con que mi lengua la atrapó como un espanta suegras  largo y efectivo.

Fue todo, la engullí, mi cola prensil  se arrolló  a una rama seca  ahíta de satisfacción; como buen camaleón  me mimeticé en la rama donde calentaba  mi sangre fría en espera de la presa.

La llorona.


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La llorona.

Vi la mujer que venía, era alta y blanca, blanco su vestido, me dije, ―¿qué hará una mujer  en altas horas de la noche,— afloró el don Juan que llevo dentro y me preparé para el cortejo.

Justo a mi  lado  quise sonreírle con coquetería, era lo menos que busca una mujer que camina sola de noche.

Llamé su atención y ella giró el cuello y me miró. Lo que entonces vi  me provocó tal salto del corazón que quise gritar, pero para  gritar tenía que jalar aire que nunca encontré.

Caí sin sentido, de mañana cuando me levantaron y me llevaron a mi casa, ya jamás sería el mismo; una profunda arruga cruzaba mi frente  y mis sienes estaban completamente blancas, pero lo peor fue el miedo  en los ojos, ese perpetuo miedo que desde entonces  siempre me acompaña y  me eriza los pelos al temer   hasta de mi propia sombra.

¿Que fue lo que vi aquella noche en la mujer?, no me atrevo a recordarlo, pero creo que el infierno.

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